sábado, 18 de octubre de 2014

Aquí y ahora... aquí y ahora



Will recordó las olas rompiendo sobre la embarcación encallada, oyó, con el oído interior, el estré- pito de su impacto. Bajo el interrogatorio de la niña, le relató lo que había sucedido. La tormenta, la varadura del bote, la larga pesadilla de la ascensión, las serpientes, el horror de la caída... Comenzó a temblar de nuevo, con más violencia que antes.Mary Sarojini escuchó con atención y sin hacer comentarios. Luego, cuando la voz de él vaciló y finalmente se quebró, se adelantó, y, con el pájaro todavía encaramado en su hombro, se arrodilló junto a él.–Escucha, Will –dijo, poniéndole una mano en la frente–. Tenemos que librarnos de eso. –Su tono era profesional y serenamente autoritario.–Ojalá supiera cómo –respondió él, castañeteando los dientes.–¿Cómo? –repitió la niña–. Pues en la forma acostumbrada, por supuesto. Vuelve a hablarme de esas serpientes, y de cómo te caíste.–No quiero –dijo él, meneando la cabeza.–Es claro que no quieres –dijo ella–. Pero tienes, que hacerlo. Escucha lo que dice el mynah. –Ahora y aquí, muchachos –continuaba exhortando el pájaro–. Ahora y aquí, muchachos.–No puedes estar ahora y aquí –continuó la niña– hasta que te hayas librado de esas serpientes.Díme.–No quiero, no quiero. –Estaba casi al borde de las lágrimas.–Entonces jamás te librarás de ellas. Se arrastrarán toda la vida dentro de tu cabeza. Y te lotendrás merecido –agregó Mary Sarojini con severidad. 
(Aldous Huxley, La Isla, p.10)





El anterior fragmento pertenece a la novela de Aldous Huxley "La Isla". La leí en segundo curso de carrera, por recomendación de una compañera de curso. No sé si la conocéis o la habéis leído, pero es una de esas lecturas que conviene hacer tarde o temprano, y eso que no es de las más conocidas de Aldous Huxley. Antes había leído "Las puertas de la percepción", de donde el grupo The Doors se inspiró para elegir el nombre de su grupo de música.  

Curiosamente el pasado miércoles 15 de octubre volví a pensar en ella, en el transcurso de una de las clases de Psicología del Desarrollo, una de las tres que di en el grupo de primaria, una de entre los tres grupos, el A, el B y el C. 

Es la segunda vez que hago una conexión similar con esa novela, especialmente con el inicio de la novela, que he querido rescatar con la cita de arriba. La primera vez que volví a conectar con la novela y con esa escena inicial tuvo lugar en un autobús que cogí en Barcelona, hace unos cuatro o cinco años. Me dirigía al aeropuerto y cogí un autobús en la Plaza de España. Nada más sentarme, una mujer de unos 60 años que se acababa de sentar unas tres filas más atrás empezó a gritar que le habían robado la cartera. El ladrón había sido  un joven que simulaba estar esperando para subir al autobús. Aprovechando que había mucha gente apelotonada en la parada, se las había apañado para abrir el bolso de la mujer y quitarle la cartera. Esto es algo que había deducido la mujer, ayudada por más pasajeros que habían sospechado del joven, que tras hacer la cola, finalmente no subió al autobús. 

Lo curioso es que la mujer empezó a narrar esta historia una y otra vez a su compañera de asiento, a quien no conocía de nada. En el trayecto al aeropuerto, que duraba unos treinta minutos, contó y recontó la historia unas diez veces, repasándola más o menos igual. Pero había una diferencia, cada vez que la contaba iba tranquilizándose cada vez más, iba como asimilando lo que le había ocurrido, iba comprendiendo mejor qué es lo que le había sucedido, algo que no esperaba, que no estaba incluido en su expectativa de ese viaje. Además de contar la historia, repasaba también qué es lo que iba a hacer en cuanto llegara al aeropuerto y se encontrara con su marido que le estaría esperando. 

Yo observaba la escena empatizando con la mujer y lo que le había pasado, al fin y al cabo era algo que le podía haber pasado a cualquiera, pero sobre todo atendía curioso y sorprendido a esa repetitiva estrategia de narrar una y otra vez la misma historia. En ese momento sabía por qué tenía esa necesidad de repetir lo que había ocurrido, ante la atenta mirada de su compañera de asiento, que hizo lo mejor que podía hacer: escuchar con paciencia. Era un buen ejemplo de externalización, de objetivación. De representar un hecho inesperado, desagradable, fortuito evaluado como negativo. Una situación sobre la que no se había podido hacer nada mientras ocurría o mientras ocurrió, que había estado más allá de la capacidad de esa mujer para comprender qué ocurría, de notar qué ocurría. Pero ahora, narrándolo, contándolo, podía controlar la situación, apropiarse de ella, volverla más clara, comprensible, creíble, verosímil. Era algo que le había ocurrido a ella, era ella quien vivía las consecuencias negativas de verse sin su cartera y todo lo que contenía. Era a ella a quien le habían robado, a quien habían invadido en su espacio personal. Contándolo una y otra vez algo increíble (porque no es común, porque se sale de lo normal, de lo cotidiano) se volvía creíble, normal, aceptable. Y en parte porque se lo contaba a alguien que no le juzgaba, que le escuchaba pacientemente y le comprendía. 

Algunos sucesos vitales sólo necesitan cierta elaboración personal para comprenderse, para aprender de ellos, para darnos cuenta que somos quienes somos gracias a los sucesos que hemos vivido, que nos han ocurrido, con independencia de cómo los evaluemos. 

Y esta fue una de mis conexiones en el transcurso de una de las clases del pasado miércoles, curiosamente. 

Un saludo

Alejandro






2 comentarios:

  1. Hola Alejandro,

    Lo primero, decirte que siempre es un placer volver a leerte. Estaba bastante desconectada del blog, y ahora que he empezado a colaborar en la administración de uno para el cole, me ha picado el gusanillo y he decidido dedicarme un rato a leer tus post… siempre tan generadores de ideas y reflexiones.

    En concreto aquí y ahora me ha hecho conectar con algunas decisiones personales que estaba planteándome estos días. Dices en tu reflexión que verbalizar las experiencias que se escapan de nuestras expectativas, que no son esperadas, que sorprenden, sucesos que en principio nos resultan incomprensibles, se vuelvan más tangibles, comprensibles. Pero, ¿qué significa comprender una situación? Entiendo que en este contexto, verbalizar una y otra vez lo que hemos vivido y sobretodo, cómo lo hemos vivido y lo que ha significado y significa en este momento para nosotros, nos ayuda a manejar esa situación desconcertante, a manejarla y a superarla. Pero… para mí, en este momento personal del que hablo, comprender significa aceptar. Aceptar una situación, creérsela, hacerla real y superar las ataduras. A veces las situaciones más dolorosas no dejan avanzar, pero son el reflejo, el recuerdo de algo que, aunque sea a través del dolor, es más real que después de haberla comprendido, después de haberla verbalizado. Eso da miedo. Miedo al pensar que verbalizar ayuda a manejar una situación, a no dejarse atrapar por ella y a buscarle sentido al cómo gestionar los sentimientos y cómo nos ha afectado en nuestro desarrollo como personas, pero entonces verbalizar implica poner mente fría, analítica, reflexiva… cuando a veces los sentimientos son los que nos hacen sentir vivos aún.

    Sólo es una reflexión que me ha hecho plantearme por qué es tan difícil a veces hablar de ciertas situaciones, lo que, para mí, implica dar ese paso.

    De nuevo, muchas gracias.

    Mary.

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  2. Hola Mary

    Cuánto tiempo, qué bueno verte por aquí. Gracias por el comentario. Creo que lo importante, en relación al post y lo que mencionas, no es repetir una y otra vez una experiencia X, sino el hecho de contactar con ella. Contactar en el sentido de atenderla y atenderse a uno mismo. Pero no hacerlo meramente de una manera racional, sino una manera integral que obviamente incluye también las emociones. Entrar en contacto con la experiencia o con nuestro recuerdo de la misma, o nuestra representación de la misma (que no es lo mismo) y comprobar qué sentido le damos, que sígnificados. Porque la experiencia no es nada sin nuestra interpretación de la misma, y eso forma parte también de la experiencia. E incluso, como promueven muchas prácticas meditativas, contactar con la experiencia más allá del significado o su sentido, algo más complejo aún. Como bien dices, a veces para poder hacer algo con dicha experiencia, o nuestro recuerdo, o nuestra representación, o nuestro significado. A veces para poder aceptar algo, algo tan difícil a veces. Aceptar muchas veces supone trascender la situación, no quedarnos apegados a la misma, o a un significado o una emoción determinada.

    Comprender conlleva contactar con la experiencia, no rehuirla o evitarla. Una comprende o construye una comprensión, o varias, relacionándose con la experiencia, compartiéndola incluso. O al menos, sobre eso quería reflexionar, en torno de algo que ocurrió durante una de las clases de Psicología del Desarrollo, en el grupo C. Lo escribí pensando en una persona, por si le resultaba útil o de interés.

    Bueno, lo dicho, muchas gracias por escribir y pasarte por aquí. Por favor cuéntame más cosas sobre ese nuevo proyecto de blogs... y si eso significa que sigues o vuelves con el tuyo (que era magnífico) genial.

    Un beso

    Alejandro

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