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lunes, 8 de septiembre de 2025

Back to the chain gang




Esta canción de The Pretenders siempre me ha gustado, y qué mejor manera de empezar el curso 25-26 que escuchándola. 

No sé si la conocéis, pero seguro que hacía falta que no la escuchabais. Hubo una temporada que la escuchaba sin parar una y otra vez. Era casi una obsesión. Me gusta la letra, esa metáfora de la vuelta al trabajo duro, de la vuelta a una experiencia cotidiana carente de sentido. Si se lee la letra y se conoce la historia del grupo, se entiende mejor. Si no recuerdo mal, tuvieron que grabar la canción a pesar de la muerte de uno de los integrantes del grupo, o al menos, de la muerte de alguien especial para Chrissie Hynde, quien le recuerda pero tiene que volver a su responsabilidad. 

Nada de eso me pasa a mí. Al contrario, vuelvo al redil del curso, con ganas renovadas, con más sentido si cabe. Cada año es una oportunidad más para aprender y no sé si hacerlo mejor, al menos, seguir aprendiendo con esto, tratando también que tenga sentido para aquellos con los que coincida o siga coincidiendo. 

Así que ahí tenéis el vídeo y espero que la disfrutéis y hagáis conexiones significativas. 


Por cierto y como propuesta lúdica. Añado también el vídeo de una versión realizada por Morrissey, uno de mis cantantes favoritos. Hay algo en su versión que también me atrapa. No sé si es su estilo, pero logra al menos igualar la calidad de la original. ¿Cuál os gusta más?



Por cierto acabo de ver este vídeo, no lo conocía donde aparece Johnny Marr tocando la guitarra con The Pretenders en 1988. Me sonaba que había tocado con ellos, pero ahora lo constato. Curioso, quien sabe si Morrissey le enviaba un mensaje a su ex compañero de banda (The Smiths). No creo, pero no deja de ser curioso. En un mismo post tres artistas y dos grupos que me gustan mucho. 



Aquí estamos, bienvenidos a este nuevo curso




miércoles, 16 de noviembre de 2022

Crisis en la piscina

 ´



Ayer tuve una crisis con mi hija en la piscina. Lo comparto porque sé que algunos de mis alumnos/as son monitores o entrenadores de natación, y les puede venir bien o les hará gracia. También es un buen ejemplo de cuestiones relacionadas con el apego que estamos trabajando ahora. 

El caso es que llevamos dos semanas, desde que estamos en Noviembre en crisis. Yara cambio en octubre de la clase de niños de tres años, a la clase de cuatro años. Al principio lo llevó bien. Sobre todo porque aunque la exigencia técnica y física es mayor, estaba sola o acompañada por otra niña. Y ahí estaban ellas muy bien, haciendo sus largos (pequeñitos todo hay que decirlo). La variedad de actividades y juegos que hacen está muy bien, por lo poco que he visto. 

En noviembre cambió la situación. De dos personas pasaron a 7 y con variedad de edades. Hay varios de cinco años, aparte de personas de cuatro años y diversidad en meses. Los meses se notan en estas edades, los años más todavía. Pero los grupos a partir de cuatro años se hacen por nivel, no por edad. 

Y ahí está mi hija, a quien la semana pasada, consideró que prefería no hacer algún que otro largo de espaldas cogida a un flotador, y también consideró que prefería no saltar como el resto. La entrenadora que tienen en este nivel (no la llamaré profesora) estuvo hablando con ella, con poco éxito y decidió cogerla y tirarla al agua sin más. Que conste que a mi eso no me parece mal. Tiene que quedar claro quién decide en ese contexto, que los límites estén claros me parece bien. Y yo en estas situaciones apoyo siempre al responsable. Mi hija no pensaba igual, "no me gusta esta profe... prefiero a X y a Y (profesoras de su colegio con las que la compara)". 

El problema es que de no gustarme esta profe pasamos ayer martes a no me gusta la piscina. Un salto con más implicaciones. Pese a esa declaración, como siempre los últimos dos años, nos fuimos a la piscina cuando se acercaba su hora. Y ella se iba poniendo más tensa. Y en el vestuario ya se puso la cosa más fea, porque se negaba a cambiarse, explicitando incluso gritando que ella no quería nadar. Desde luego lo comparaba con nadar en el mar (y conmigo) porque allí hay cangrejos, peces y el abu Papo (algo que no viene a cuento, pero eso de comparar contribuye a ver algo aún peor de lo que es). Aunque yo estaba tranquilo y trataba de argumentar, no había manera. Traté de distraerla, de que se fijara en sus dos amigos (que están en otra parte de la piscina, son un año mayores y tienen también más nivel) pero ni con esas. Fuimos a mirar cómo nadaban, vimos que eran menos y hoy seguro que estaría todo mejor, pero ni por esas. Normalmente la puedo distraer o convencer, pero ayer no. Entonces se me ocurrió que lo mejor era hablar con la entrenadora, que seguro que servía. Se lo propuse y le pareció bien. Y allá nos fuimos.

Nos encontramos con otro entrenador que nunca ha estado con ella, pero que les suele acompañar en la salida y la entrada. Se nota que se llevan bien. Le comento que parece que  hoy no le apetece nadar. Se acerca y bromea y juega con ella, le va tocando con el índice diciendo "tic tic tic" `puedo estar así todo el día, ¿qué te pasa?" Le arranca una sonrisa, pero poco más. Podría haber sido suficiente. Le pregunto si podemos hablar con su entrenadora, y dice que va a por ella. Aunque le noto cierta vacilación (interpetaciones mías). Al rato... llega la profesora, con cierta cara de sorpresa. Imagino que la situación no es muy habitual (que un padre pesado vaya con su hija a hablar con ella). 


***

- Hola, sólo quería hablar contigo, porque parece que Y. está teniendo dificultades últimamente. Me parece que desde que son tantos en su calle, lo lleva peor. 

- Ya, es que ahora son muchos más. 

- Qué te parece, Y., ¿nos cambiamos?, hoy sois menos y seguro que os lo pasáis mejor. 

(Yara no parece que piense igual)

- Sólo quería saber qué te parecía, porque es raro que no quiera nadar. Es la primera vez en dos años que no lo hace. ¿Qué te parece? ¿cómo lo ves?

- Ya, es que es mi manera de entrenar, yo lo hago así y no puedo detenerme con cada niño. 

-No, si me parece muy bien cómo lo haces, pero hay diferencia de edad entre ellos...

-No, no tanta.

-Alguno creo que tiene cinco años o más..

-Bueno sí, pero por eso, no hay mucha diferencia.

-Ah... bueno, pues nada. Y., ¿qué te parece? 

- Yo quiero ir a casa (Y.)

***


Ya sé que no estuve muy inspirado. Creo que me afectó la poca disponibilidad que noté en la entrenadora. Al fin y al cabo, mi hija es una más, claro, y desde luego se tiene que adaptar a su estilo, que es el que es. Lo que pasa es que hablamos de alguien con 4 años y que desde luego ya sabe lo que quiere y lo que no. Y la sesión puede ser muy buena técnicamente, pero el tipo de conexión es también instrumental. No tiene por qué ser de otra manera y mi hija tiene que aprender adaptarse a situaciones difíciles. No todo te tiene que gustar, no todo el mundo se tiene por qué preocupar por ti. Es una situación importante para adaptarse y aprender. Y trataré que mi hija lo haga, y convencerla de que si no va a nadar, está muy bien, pero que eso también tiene consecuencias. Por ejemplo, a mi no me molesta que no le guste nadar, me molesta que no pruebe o que no lo intente. Si seguimos así algunos días más, ya veremos qué hacemos. Mi pronóstico es que se adaptará, encontrará algo bueno entre sus compañeros, o con la entrenadora, o será la actividad en sí. Quién sabe. Tal vez no, no lo aguante y no vayamos más, o cambiemos de grupo. No es algo grave. Pero es un buen ejemplo de qué importante es cuidar las relaciones, especialmente a estas edades tan tempranas. Aunque quien sabe, tal vez forme parte de una socialización temprana competitiva basada en ideales espartanos (ironía on). 




domingo, 2 de abril de 2017

Sobre Antonio


Aún recuerdo el día que tomamos esta foto. Antonio, la persona del medio, exclamó que hacía muy buen día y que teníamos que salir. Que teníamos que tener reuniones relajadas como ésta. No recuerdo el tema de la reunión informal. Ahí estábamos Pilar, Ángel, Lucía  y yo, que hice la foto. Si no recuerdo mal sería mayo o junio de 2003, ó 2004. El Departamento de Psicopedagogía y Educación Física se acaba de formar. Había sido un tiempo confuso, complejo, tengo. Al menos para mi, que acababa de llegar desde Valencia, recién iniciado mi contrato como profesor ayudante.

Creo que mi primera conversación con Antonio fue un día que llamé a su despacho para presentarme. Entonces no sólo era el Catedrático de Teoría e Historia de la Educación. Además era el Videcano de Psicopedagogía, en la Facultad de Documentación. Me pidió entrar y ahí comenzamos a conversar, o mejor dicho, empezó a hablar él. Creo que no he conocido a nadie que tuviera esa capacidad para hablar, conversar y hacerlo además con ímpetu. Todo lo que decía Antonio tenía intensidad. Ese día y los posteriores, me recordó en su manera de conversar a otra persona importante para mi, en Valencia, a Vicente Cuevas. Es curioso como al relacionarnos con alguien, es fácil dejarnos influir por personas con las que las asociamos. Sería la seguridad con la que hablaba, esa manera de cerrar los ojos mientras te miraba, medio estudiándote, medio sonriéndote.

Al poco tiempo de ese día, andando por el pasillo de la facultad me llamó y me preguntó si querría ser el secretario del departamento. Sin pensarlo demasiado le dije que sí. No lo sabía entonces, pero Antonio me hizo un gran favor, por el que le estaré siempre agradecido. Eran tiempos confusos, y con él, empecé a aprender claves importantes para orientarme en lo que era el funcionamiento de un departamento y de la universidad.  Además, ser secretario con él,  como después con Ángel Lázaro y Mª del Mar del Pozo, me ayudó a situarme, a estabilizarme, a posicionarme. No fue la última propuesta que me hicieron en ese pasillo. Años después, Ángel Lázaro, una tarde, tras cruzarse conmigo me preguntó si sabía algo de teatro. A lo que le respondí que no, más allá de haber participado en una obra en el colegio, no sabía nada. A lo que me respondió que perfecto, que podía ayudarle a llevar el grupo de teatro de Psicopedagogía. Ja... Qué momentos más diferentes y al mismo tiempo más significativos.

Volvamos con Antonio. Como buen pedagogo, era consciente de que me estaba enseñando algo cada ocasión que compartimos. Me enseñó a redactar certificados, saber cómo firmar. Me preguntaba tras las reuniones para conocer mi opinión. Trataba de que fuera autónomo a la hora de impulsar iniciativas. Ante todo me inculcó la importancia de los principios a la hora de actuar. Por ejemplo, para él la lealtad era importante. Pero recuerdo como me recalcaba que si era el secretario del departamento, ante todo tenía que tener claro esa relación de confianza y lealtad. Entonces no entendí muy bien a qué se refería. Con el tiempo sí lo he hecho. Hablar de ello con Eduardo de Grazia, mi psicoterapeuta en esos años, me ayudó. Imagino que fue un buen recurso en esos tiempos, dos personas similares, de edades similares que en cierta manera actuaron como mentores, sin que yo fuera entonces del todo consciente.

Enrique Téllez, un compañero del departamento que también lo conocía bien, en otro pasillo, esta vez en la Facultad de Educación, me contó la siguiente anécdota, que le retrata bien, me parece:

"Unos minutos antes del comienzo de una sesión del Claustro, presidido por Manuel Gala. El rector ya estaba en su puesto de la presidencia y yo ocupaba la silla contigua, a su izquierda. Ambos revisábamos la documentación que sería objeto de estudio poco después. De repente, observamos que Antonio Molero se acercaba hasta la mesa para saludarnos. Cuando estuvo ante nosotros me estrechó la mano y dijo: "primero el amigo, después la autoridad" y a continuación estrechó la mano del rector, un tanto contrariado. 
Antonio, sonriente, volvió a su asiento en la sala",

Y ahí estamos en esa foto, relajados, incluso tomando un refresco o una cerveza que Antonio había conseguido no sé muy bien cómo. Los tres catedráticos del departamento juntos. Creo que hice la foto porque intuí el simbolismo del momento.

La última que vez que coincidimos fue en el tribunal de Ángel. Le encontré tan enérgico y lleno de vida como siempre, aunque triste. Aunque claro, ese día estábamos tristes todos, aunque felices de reencontrarnos. La muerte de Ángel nos pilló a destiempo. Teníamos aún proyectos por realizar, publicar un libro sobre teatro y educación, hacer un acto de despedida y homenaje, como el que le habíamos organizado unos años antes a Antonio, pero no pudo ser. De eso hablamos ese día, entre otras cosas. Año y medio después supe que no se encontraba bien, que ya era difícil visitarle. El lunes pasado, Mª del Mar, la persona que mejor le conocía probablemente, me llamó para informarme que acababa de fallecer. Aunque lo esperábamos, nos quedamos en silencio. No había mucho más que añadir.

Antonio, muchas gracias por todo, permanecerás en mi recuerdo y en el de tantos otros.

Un abrazo

Alejandro


jueves, 29 de octubre de 2015

Principios como oasis en el Desierto

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El pasado mes de junio leí una entrevista con Daniel Dennett, un filósofo al que sigo desde hace tiempo, sobre todo por sus clásicos ya, trabajos sobre la conciencia.


La entrevista, publicada en la Revista Jot Down, está llena de cuestiones interesantes, pero especialmente quería rescatar la siguiente cuestión:


Después de Harvard se marchó a Oxford para completar su doctorado bajo la supervisión de Gilbert Ryle. Usted ha afirmado en más de una ocasión que fue un apoyo muy importante, por lo que es curioso leer sus primeras opiniones cuando creía que no estaba aprendiendo de él nada de filosofía y compararlas con el momento en el que descubre esta especie de ósmosis de sus métodos indirectos.
Cuando me di cuenta me sentí muy avergonzado, porque le había estado diciendo a mis amigos que no estaba aprendiendo nada de ese hombre. Era encantador, pero no me estaba enseñando nada. Y entonces, cuando escribí el borrador final de mi tesis y lo comparé con uno anterior… ¡me había enseñado mucho! Pero lo hizo de una manera tan sutil, con tan poco ego, que no me había dado cuenta. Ese fue un momento muy importante para mí porque descubrí que ante un muy buen estudiante no tienes que demostrar tus argumentos, tan solo debes sugerirle algunas cosas y dejar que él marque su curso. Si tienes razón se dará cuenta de ello, y si no la tienes no le habrás entorpecido. Este enfoque de la enseñanza por desgracia es muy poco común en la filosofía.”


He subrayado la parte que más me interesa.


Imagino que bien como alumnos o bien como profesores, nos habremos sentido como plantea Dennett. Esa sensación de "no estoy aprendiendo nada" o esa sensación de "no estoy enseñando nada".


Imagino que en parte es cuestión de concepciones implícitas. Si tu concepción del aprendizaje consiste, como con Dennett en discutir ideas, argumentar y contraargumentar, y eso no se produce, pues, puedes concluir que no estás aprendiendo (desde lo que asumes como cierto, claro).
Si tu concepción es que aprendes sólo si tienes información dada por el profesor, claramente estructurada y organizada, y no tienes eso, pues puedes llegar a la misma conclusión.
Como muchos cambios importantes que se producen en la vida, a veces necesitas cierta perspectiva para reconocer el valor de ciertas experiencias.
Desde el punto de vista del profesor, la situación es igualmente inquietante e interesante. Porque probablemente Gilbert Ryle, el profesor/director de tesis de Dennett, sabía lo que estaba haciendo, y sabía también cómo estaba siendo valorado por su discípulo. Y aún así perseveraba. Nuevamente la perspectiva creo que es importante. De los dos, Ryle probablemente poseía más perspectiva para evaluar y decidir cómo proceder.
Es como esta cita de Alan Moore, que leí no recuerdo ahora dónde, y que igualmente me parece de lo más apropiada en este contexto:


"No es el trabajo del artista darle a la audiencia lo que la audiencia quiere. Si el público supiera lo que necesita, ya no serían el público, serían el artista. Es el trabajo de un artista darle al público lo que necesita"


Esta distinción entre lo que se quiere y lo que se necesita, ante todo creo que debe tenerla el profesor. Y por eso, necesita tener más claro de qué abanico de alternativas dispone, en relación a sí mismo y al profesor. Son los principios que sigue un profesor, por ejemplo la frase de Moore no deja de ser un principio, los que determinan sus metodologías y sus desempeños concretos. Y esto incluye también su manera de entender de qué manera relacionarse con sus alumnos. También plantea la cita una clara indicación de cuándo un alumno dejar de ser un alumno, lo que debería ser la meta de un profesor, ¿no? ayudarle a convertirse en profesor de sí mismo, en cierta forma.


Por eso, imagino, le dedido tanta importancia a reflexionar sobre las concepciones implícitas de los docentes, que también forman parte de cómo construimos un sentido de identidad como profesores. Es ahí donde se generan los principios que guiarán nuestra actuación, los conozcamos o no, los explicitemos o no.
La semana pasada experimenté lo que denominé "una pequeña travesía por el desierto". Me refiero con esto a la experiencia de sentirte solo en un viaje. A pensar que estás proponiendo y apostando por una manera de trabajar (me refiero sobre todo a mi asignatura de Psicología del Desarrollo en el Grado de Educación Primaria) y entender la educación, pero no sentirme acompañado en el proceso. La sensación de "¿le estará interesando esto a alguien?", "¿estaré generando algún tipo de impacto?". Pasar por el desierto se caracteriza por estar en contacto con las propias dudas y dilemas. Por sentirse solo, a veces decepcionado, cabreado, triste.
Creo que lo que resulta fundamental en estos casos, es contactar en por qué haces lo que haces y por qué lo haces cómo lo haces. Una vez más, viene bien considerar los propios principios, bien para mantenerlos, bien, por qué no, para revisarlos o actualizarlos. Y nuevamente, la perspectiva temporal ayuda. Y aquí agradezco mi experiencia estudiando trayectorias y transiciones del desarrollo, porque comprendo que los cambios y el desarrollo, necesita su tiempo para que se produzca.
Esta tarde discutiremos, imagino, sobre estas cuestiones en la última sesión del Módulo de Procesos de Enseñanza y Aprendizaje, perteneciente al Master de Docencia Universitaria. Volveremos a revisar cuestiones relacionadas con nuestras concepciones, pero de otra manera. La semana pasada trabajamos estas cuestiones desde la perspectiva del Aprendizaje Visible de John Heattie. Hoy incluiremos más cuestiones vinculadas con el Aprendizaje Transformacional (Perry, Kegan, Mezirov, Van Rossum) y el Aprendizaje Expansivo (Engeström), en el contexto del Conectivismo (Siemens) y por supuesto, desde una metodología de Aprendizaje Experiencial (McWhirter).


Creo que acabo de explicitar algunas de mis referencias principales, a la hora de entender la enseñanza y el aprendizaje. Pero esas referencias estarían incompletas si no incluyo el trabajo de Gregory Bateson. El siguiente fragmento (agradezco a David Herrero que me pasara este artículo) corresponde a un interesantísimo artículo, en el que como en la cita de Dennett, un alumno describe cómo veía a su profesor, Bateson en este caso:


"Cualquier cosa que escriba sobre 'Gregory' es en cierto sentido un engaño, porque no había otro Gregory que Gregory en-relación-a. Esto se veía con claridad en su manera de enseñar, que era dramáticamente (Socrática) más que expositiva. Como profesor, mostrando un mensaje en una sola dirección, era díficil de entender para mucha gente (...) pero es seminarios pequeños y conferencias era devastadoramente efectivo: volverse uno con el grupo de personas con quien se entrelazaba e inspiraba pero que a su vez ejercían sus propios poderes e ideas, creando un yo colectivo que realmente pensaba". Él decía 'son necesarios dos para conocer a uno'. La totalidad orgánica del grupo era primordial. No toleraba los comentarios hechos con el propósito de alardear. Recuerdo sacándole de sus casillas un día después de clase, cuando era su ayudante "¡¡Tú, mono!!!!" me gritó, "tenía un pequeño jugoso silencio cocinándose ahí, y tenías que entrometerte para estropearlo" (...) Bateson diseccionaba el sentido común para exponer las asunciones básicas, los axiomas que subyacían el sentido común, las reglas de evidencia inconscientes (epistemología) que usamos en los juzgados, los libros de leyes, las facultades, los medios de comunicación, axiomas como creer en el materialismo (que el mundo está hecho de cosas y fuerzas que actúan en esas cosas), creencias en la causa-efeto lineal,en el tiempo lineal, la objetividad y la especialización". (Nachmanovitch, 1984, p.3).


Creo que esta cita condensa todas las ideas de las que hablaba antes.
Espero que como a mi, inspire a los que leáis este post.
Un saludo
Alejandro


Nachmanovitch, S. (1984). Gregory Bateson: old men ought to be explorers.Leonardo, 113-118. Disponible en http://www.freeplay.com/Writings/Nachmanovitch.Bateson.Old.Men.Ought.To.Be.Explorers.d.pdf

lunes, 23 de febrero de 2015

Meditación en titulares



Los lunes son diferentes.
Concretamente, el viaje que hago desde casa al trabajo los lunes, es diferente.
Dicha diferencia es muy simple, pero su efecto no lo es.
¿En qué consiste la diferencia? Sencillamente, hago el viaje es un escrupuloso silencio. Apago la radio, elimino toda distracción auditiva (las visuales no, que  va en ello mi seguridad mientras conduzco). Nada de música, nada de noticias, nada de información externa.

Entonces pienso. Pienso pero con una dirección establecida, no dejo vagar el pensamiento, buscando conexiones azarosas (eso lo hago en otros momentos). Pienso en la semana, pienso en el fin de semana, me dejo sentir, supervisando cómo estoy, cómo voy, cómo me encuentro. En general, sin entrar en detalles. Los detalles empiezan a aparecer poco a poco, como por áreas. En forma de recuerdos, en forma de preocupaciones leves. Poco a poco voy identificando asuntos, incluso cosas que me inquieten o me podrían inquietar. Poco a poco empiezo a planificar, empiezo a organizar la información. Y ya no es información azarosa, es información conectada con los diversos asuntos que han aparecido.

Tengo dos tesis doctorales esta semana, en los que participo en el tribunal. Una de ellas implica un desplazamiento a Granada. Además tengo asuntos pendientes de la semana pasada que concluir. Ayudar a organizar el Practicum y los TFM del Master de Psicopedagogía, finalizar un escrito del departamento acerca de nuestra posiciónn sobre el reglamento de evaluación de los aprendizajes del alumnado de la Universidad. Tengo que preparar la tercera sesión de habilidades de counselling y eso implica el contenido de la sesión, atender a la parte virtual de los wikis y los blogs, además de incluir cómo estamos innovando en la recogida de información sobre el seguimiento formal de la experiencia de los alumnos. Tengo dos informes pendientes, diferentes, cuya redacción no puedo posponer más. Hay una sesión este viernes con el grupo de Ted Ed, una sesión especial  la Connect Week, donde quedaremos con varios grupos procedentes de Estados Unidos e Inglaterra. Además tengo un dolor muscular que limita el movimiento del cuello, no es grave pero me avisa de que estoy más tenso de lo normal. Quiero ponerme en contacto con mis alumnos de TFG, algo que todavía no he hecho desde la reanudación del curso tras Navidad y ya empieza a inquietarme. Tengo que preparar la primera sesión del módulo de metodología del doctorado, lo que implica una serie de lecturas que integraré en una presentación y un par de propuestas de trabajo, que además quiero coordinar y compartir con otros profesores. Por supuesto sigo evaluando cómo terminó la formación con el grupo de profesores del I.E,S Albéniz y cómo aprovechar esa experiencia para la preparación de la sesión de este miércoles con el Colegio Rural Agrupado de Valdaracete.... Sé que sólo incluyo aquí la información más profesional, pero también está la personal, sobre la que reflexiono también, la que veo aparecer en forma de imágenes, recuerdos y perspectivas de futuro.

Llega un momento en el que sólo estoy yo moviéndome con el coche, a una velocidad constante. Respiro, y dejo de pensar. Cada escena de las anteriores abre un mundo de detalles, de información disponible. Pero ahora no quiero entrar en ninguna de ellas. No hace falta, están activadas. Ya estaban activadas de hecho, por eso han aparecido. Pero ahora las siento más cercanas.

Verlas en conjunto me apacigua, porque entonces empiezo a secuenciarlas, a organizarlas en el espacio. El tiempo organizado en el espacio disponible esta mañana, esta tarde y el resto de los días de la semana, incluso del mes.

Mi relación con cada tarea, con cada asunto, con cada uno de los diferentes temas es diferentes. Y eso, una vez más, forma parte de los temas. Ayuda a comprenderlos, a organizarlos, a priorizar o posponer, a evitar o anticipar. Y eso me conecta con las razones de porqúe´hago no no hago cada uno de ellos. Y más allá de las presiones externas, de los plazos temporales, de los límites físicos me veo a mi mismo dando un razón y un propósito a cada actividad, en la que al fin y al cabo me veo a mi representado, identificado.

Respiro. El dolor del cuello, en el trapecio izquierdo sigue ahí recordándome más cosas de las que quisiera en ese momento. Ya estoy llegando y tengo una secuencia preparada. Y voy a empezar escribiendo y compartiendo esto. En parte porque quiero empezar la semana escribiendo, y compartiendo. Porque no estaba incluido como tarea, pero me permite organizar y reconectar diferentemente. Escribir es mucho más lineal. Lo de antes era mucho más rápido.



 Ya no estoy conduciendo, ya estoy sentado ante el ordenador escribiendo. Son las 10:21 y tengo que pasar a otras cosas. Sé que esto es un ejemplo de proceso sobre el que trabajaremos esta tarde. Sé que esto es una transición para comenzar la jornada de hoy. Sé que también es una manera de posponer otros asuntos que no me apetece hacer aunque vaya a hacer de todas formas. Me veo como profesor, como director del departamento, como tutor, como colega, como compañero, como investigador, como profesional... y como persona que está mucho más allá de todo esto, pero también es esto.

Este es un post de titulares, como me decía Eduardo, en las sesiones de terapia que teníamos hace años. Parece que te expresas diciendo titulares. Lo sé. Pero que diga titulares no excluye la información que subyace a cada uno ellos, ahora toca empezar a contactar con ellos. Y hay una secuencia clara.

Un saludo

Alejandro

martes, 25 de marzo de 2014

Breve historia de una derrota



Todo ocurre en la calle Rico Home, una pequeña calle de Alcalá de Henares, próxima a la calle de la Tercia. Son cerca de las 16 horas. Vengo de tomarme un café en "El Guiñol", uno de mis bares predilectos de Alcalá, unos de los pocos lugares que aún se mantienen intactos de mi etapa alcalaína. De hecho vivía en la calle Vaqueras, perpendicular a esta de Rico Home. Paseo perdido en mis pensamientos, recordando la calle, rememorando lo que era caminar por esta calle cuando vivía aquí, diferente de cuando paseo ahora. Familiar y extraño a la vez.

También pienso hacia donde voy. Voy a una sesión con el fisioterapeuta. Ya estoy recuperado de un episodio agudo de lumbalgia que tuve hace una semana, por pasarme entrenando, o no entrenar bien  mejor dicho. Es la segunda sesión, para asegurarme que ya estoy otra vez bien, pese a las pequeñas molestias que aún siento en la zona lumbar.

Voy caminando tranquilamente, pensando en todo esto a la vez. Cuando de repente todo se desencadena. Imagino que los cambios ocurren así, de repente. Todo puede seguir igual o cambiar significativamente. En fracción de segundos. Y lo que ocurre dura probablemente segundo y medio.

Un bicicleta me adelanta por la izquierda, y una mano agarra mi Ipad, el Ipad que yo mismo cogía de manera despreocupada con mi mano izquierda. Durante un breve momento, el ciclista y yo estamos unidos por el Ipad, que nos une. Su agarre ha sido casual pero firme y decidido. El mio responde igualmente firme y decidido, afortunadamente para mi más firme. Una presión final por mi parte contribuye a retenerlo. El ciclista suelta el Ipad y se aleja, como si nada.

Cualquier observador no hubiera notado nada, dado la rapidez y sencillez con la que ocurrió o no ocurrió, según se mire.

Yo tardo un par de segundos en comprender lo que ha ocurrido o casi ha estado a punto de ocurrir. Es algo así como, "joder, que ese tío acaba de tratar de robarme el Ipad". Recuerdo en ese brevísimo tiempo en el que hemos pugnado que una parte de mí sí ha sido consciente y se ha resistido a dejar algo que valoraba, por sí mismo y por todo lo que contenía. Pero la conciencia de lo ocurrido ha venido después, el significado pleno, ha venido después. Podría dejar aquí la anécdota, pero sigue.

Una vez soy consciente, estando aún más o menos cerca, desde luego puede escucharme, suelto un "hijo de puta", pero no es rabioso, no es muy fuerte, es más bien una expresión mezcla de sorpresa, de alivio, una expresión de que algo tengo que decir o hacer y lo primero que se me ocurre es eso. Es un "hijo de puta" tímido. Pienso que si me lo llega a coger tras un intervalo de sorpresa hubiera salido corriendo a por la bici. Pienso cómo hubiera sido correr por esas calles de Alcalá. Pienso acerca del posible o posibles desenlaces... En el mismo momento, agarrando más fuerte el Ipad, también miro defensivamente hacia atrás, por si acaso. Pero estoy solo.

Centrado en el presente otra vez, recordando mi pequeño grito de "hijo de puta", soy consciente en ese momento que al gritar, y al gritar así, he sido derrotado. Al menos seguir teniendo el Ipad, me reconforta.

Ahora pienso en el concepto de oportunidad planteado por Taisen Deshimaru durante una entrevista.

"Todo se juega en un instante. En este instante, el espíritu decide todo, técnica y cuerpo lo siguen. En todos los deportes de hoy día existe un tiempo de espera. En las artes marciales no hay tiempo de espera: si se le espera aunque sólo sea un poco, el adversario se aprovecha de ello, se ha perdido. El espíritu debe estar sin cesar concentrado sobre la situación, dispuesto a atacar o reaccionar. De aquí su importancia primordial" P.30). 

Según esto mi espíritu reaccionó y mi cuerpo siguió, inconscientemente, automáticamente. Pero en mi primera reacción consciente, mi sensación es curiosamente la de haber sido derrotado. O por haber sido pillado desprevenido, o por haber reaccionado futilmente después.

*Deshimaru, Taisen (2000). El blanco invisible: el Zen en las Artes Marciales. Valencia: Ahimsa. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Autoevaluando... autoevaluando...




Darth: Bueno, al fin te decidiste.

Alejandro: No es que ya me haya decidido, más bien ahora es un buen momento.

Darth: ¿Y cuándo es un buen momento, si puede saberse?

Alejandro: En parte cuando decido que lo sea... ja... no, no, esto es broma. Pues imagino que tengo que tener algo de tiempo para poder escribir y sobre todo, tengo que sentir que lo que escribo es relevante para mí, quiero decir, que no escribo por escribir, que no lo hago como si fuera sólo una tarea pendiente.

Darth: Pues si que has tardado en sentir que esto es relevante... un poco más y lo escribes desde la playa. Pero ya está bien, sobre todo viendo que me has vuelto a traer aquí. Ya que estoy, espero que al menos no me aburras.

Alejandro: Bueno, me da igual si te aburro o no, no estoy aquí para entretenerte, esto no es para entretener. Pero vamos allá. Me voy a autoevaluar y tú ves preguntando cuando quieras. Me doy cuenta ahora que en parte he tardado en empezar esto porque no sabía cómo enfocarlo. No quiero hacer un post excesivamente largo, con demasiada información. Así que voy a tratar de sintetizar lo que considero que es más relevante, aunque deje cosas fuera. Eso ya de por sí creo que es importante. Cuando nos autoevaluamos, ¿qué incluimos y qué no? ¿qué dejamos fuera? A veces dejamos fuera aspectos que son realmente valiosos. Pero bueno, tal vez luego podamos rescatar.


Darth: Qué cansino eres a veces, empieza de una vez.

Alejandro: Bueno, bueno, ya he empezado. El anterior cuatrimestre tenía concentrada la mayor parte de mi docencia. Lo interesante era que toda se dedica a la formación de profesores o futuros profesores en tres niveles de enseñanza: Educación Primaria, Educación Secundaria y Educación Universitaria. La primera asignatura, la de Educación Primaria, es la más evolutiva de todas, quiero decir, su contenido y sus competencias tienen que ver ante todo con la Psicología del Desarrollo (el alumno durante la etapa de la niñez hacia la adolescencia y su relación con los adultos, ante todo la figuara del profesor). La de Educación Secundaria es una mezcla entre cuestiones sobre psicología de la educación y psicología del desarrollo (centrado en la figura del adolescente y su relación con los adultos, los profesores otra vez). Las dos asignaturas del Master de Docencia Universitaria (MADU) no tienen en principio mucho que ver con el desarrollo y ante todo elaboran cuestiones sobre educación y comunicación.


Darth: ¿Y con cuál estás más satisfecho?

Alejandro: Con las tres. Quiero decir he disfrutado mucho con las tres. Sobre todo con la de Psicología del Desarrollo en Primaria, pero porque es la que tiene un horario más continuado y me permite seguir mejor el proceso del grupo. Además era el grupo más joven y me permitía trabajar con un momento transicional muy claro, el de la adaptación a la universidad o a la vida universitaria. Algo que en paralelo les ocurre a los alumnos en primaria, que comienzan una nueva etapa también (aunque vengan de la educación infantil). Esos paralelismos me permite trabajar muchas cuestiones en vivo.


Darth: Pues empecemos con los de Primaria, que si no empezarás a mezclarlo todo. Ahora con perspectiva, ¿qué has concluido?

Alejandro: Estuve muy satisfecho con el grupo, trabajó muy bien. Como sabes, trato ante todo lo que generar una situación que fomente lo que Kegan denomina una mente autodirigida. Al menos ser consciente de ello, sobre todo de lo que exige. Y la mayor parte de la gente fue transitando esto de ir ganando mayor autonomía, con diferentes ritmos, pero en general yendo hacia el mismo resultado como confirmé luego al leer sus reflexiones finales. Con quien más aprendí fue, no obstante, con las personas que consideré que tenían que suspender. Fueron evidencia para mi de que en ciertos momentos no acompasé muy bien. Este cuatrimestre he estado en contacto con ellos, en unos seminarios concretos que he estado haciendo y me he dado cuenta de mi tendencia a acelerar demasiado en determinados momentos, o en no profundizar suficiente en ciertas cuestiones. Por ejemplo, a principio de la asignatura planteé una tarea muy compleja (explorar  nuestro modelo de apego a partir de lo que proyectábamos sobre unas láminas), y apenas hubo tiempo para hacer bien la tarea, algo difícil teniendo en cuenta sobre todo que era la primera vez que hacíamos algo así y además había muchas láminas, cuando con una o dos hubiera sido suficiente. Fue importante para darme cuenta de que tenía que ser menos ambicioso, ir más despacio. Pero más adelante, por ejemplo no saqué partido a un vídeo (Learning as we grow) que integraba mucho de lo que habíamos trabajado sobre el desarrollo cognitivo, pensaba que sí se había entendido, pero es un vídeo que nadie vio completo, en parte porque tampoco dejé suficiente tiempo para ello, ni expresé la importancia que tenía. Esto lo puedo contrastar por todo lo que pudimos aprender de él en el seminario con las personas que seguimos trabajando este segundo cuatrimestre, y también, porque con los del Master de Secundaria, sí lo trabajé de manera más completa (o al menos algunos de ellos sí le dedicaron mucho más tiempo). En definitiva, esto sólo son ejemplos de cómo mi ritmo a veces va demasiado rápido, les exijo cosas que doy por supuesto que van a hacer o pueden hacer, cuando muchos no pueden en ese momento (no al menos con la demanda de autonomía que en ese momento planteo). Eso más de uno lo experimentaba con "avanzar a trompicones". Así que espero ser menos brusco el año que viene.

Darth: ¿Pero qué te ha gustado más?

Alejandro: Lo que más me ha gustado ha sido trabajar este año mucho con los materiales propios que me daba cada grupo, bien fueran mapas conceptuales, justificaciones ante dilemas morales, hipótesis ante los casos que veíamos, las preguntas en tweets,  etc... El trabajar con ello progresivamente creo que dio un buen fruto en la última clase formal, en la que el nivel de la discusión del grupo de representantes fue mucho más compleja de lo que podían hacer al comienzo. Además terminamos la clase ocupando el centro de la clase, distribuidos todos alrededor del grupo de discutía, sentados encima de las mesas. Fue una interesante metáfora  de apropiación del espacio y de la actividad, de terminar con un tipo de relación sin tanta separación o asimetría, al menos no tan formalmente establecida.


Darth: Esto me recuerda lo que me contaste que te habían dicho en una de la clases de la última semana, sobre tu manera de relacionarte con ellos, cuando te compararon con otra profesora que tenían.

Alejandro: Ah... cierto, un tema curioso. Me dijeron, en una de las últimas clases, en la que sólo estábamos cinco o seis personas, que me relacionaba con ellos igual tanto si era 70 que si eran cinco o seis. Y les llamaba la atención en comparación con otra profesora que me decían que cambiaba mucho en función de si estaba con el grupo entero (y parece que era más seria) que si estaba con poca gente (mostrándose mucho más cercana y natural). Ellos decían que yo siempre estaba igual, de cercano querían decir. La verdad es que es algo que me gustó escuchar. No sé si es bueno o malo, y no creo que sea exactamente igual con un grupo grande que un grupo pequeño, pero al menos, no hay mucha diferencia tampoco, y eso me parece bien.


Darth: Pasemos a otro grupo. ¿Qué tal en Secundaria?

Alejandro: He aprendido dos cosas este año con los de Secundaria. Sobre todo algo que planteaban en sus reflexiones finales los de la especialidad de dibujo, que habían disfrutado más la primera parte en comparación con la segunda. La primera parte siguió una metodología mucho más experiencial, de exploración para cubrir justamente la parte relacionada con maneras de aprender y enseñar. Algo muy similar a lo que hago con los del MADU. Y esa primera parte de la asignatura es muy experiencial, muy de construir entro todos conclusiones a partir de las diferentes actividades que hacemos en clase, sobre todo la tarea de enseñar algo que sabes de tu disciplina, algo que sabes pero no pertenece a tu disciplina y algo que no sabes. Da mucho juego esa actividad. Pero lo interesante fue que vieron mucho contraste con la segunda parte en la que nos centramos en el la figura del adolescente, sobre todo las cuestiones de la formación de la identidad, los aspectos fundamentales de ese momento de su vida (casi que existenciales), las cuestiones de los incidentes críticos (que me parece que no se les sacó tanto partido como pensaba) y la identidad docente, etc.... Que fueran los de Dibujo quienes plantearon este contraste me llamó la atención (no lo hicieron tan explícito los de Lengua y Literatura, ni los de Inglés), porque en general eran el grupo más autónomo, desde ahí no me extraña que disfrutaran más con las actividades abiertas de exploración.

Darth: O sea que está disociado con esta asignatura, es lo que quieres decir. Que no está muy integrado.

Alejandro: Pues sí, no termina de integrar bien lo que hacemos, o no lo termino de integrar bien del todo. Aún así las clases siempre estaban abiertas y había más discusión en comparación con los de Primaria (como es normal), pero creo que si sigo el año que viene con esta asignatura, hablándolo con Héctor, voy a cambiar muchas cosas. Quiero que trabajen más desde el principio preparando sesiones que tienen que enseñar, para que vean si van evolucionando o no y ya veré cómo integro o presento las cuestiones sobre la adolescencia.

Darth: Pues tendrás que pensarlo mejor, porque sigue pareciendo como cosas diferentes. Pero bueno, ¿y la segunda cosa?

Alejandro: Lo segundo tiene que ver con el blog. La manera de trabajar con el blog ha sido muy diferente. Esta vez creamos un solo blog para dos asignaturas, y gestionado por todos. Y fue sorprendente lo bien que funcionó, la cantidad de recursos que se compartieron, la creatividad de los posts, los comentarios. La verdad es que me gustó mucho como se apropiaron de esa herramienta. Aunque fue un desarrollo un poco caótico y podríamos haberlo organizado mejor, disfruté mucho con ello.

Darth: ¿Y fue diferente a la experiencia con los de Primaria? De ellos no has dicho nada sobre esto.

Alejandro: Cierto. El modelo con los de Primaria, como con los del MADU, es que tengan un blog individual si quieren (los del MADU no lo eligen, por cierto, lo tienen que hacer, algo un poco paradójico para mí, por cierto). Este año en Primaria han escrito más que el año pasado, más gente al menos y más posts, y su evolución ha sido como siempre muy interesante. Al principio posts descriptivos, informacionales para ir progresivamente volviéndose más reflexivos y personales (en general). Aunque la mayor parte de los alumnos decidieron no escribir en un blog (desperdiciando así la mejor manera de seguir su evolución y su aprendizaje). Por eso me gustó el blog colectivo, creo que facilitó que lo vieran como algo propio, que además tenía éxito de lecturas y comentarios, que integraba dos clases en una. Creo que facilita la apropiación. Y tengo dudas sobre si hacerlo así en Primaria, porque podría facilitar el que escriban más y escriba más gente. A lo mejor demanda menos hacerlo así y podría ser el paso previo a tener un blog personal, propio. O se podrían combinar las dos cosas. Sólo lo sabré si lo hago. Tengo que pensarlo.

Darth: Vamos al MADU, y te aviso que este post ya se alarga demasiado.

Alejandro: Pues lo del MADU casi que ha sido lo más intenso...

Darth: Pues tendrás que abreviar.

Alejandro: Ufff..... bueno, empiezo por una paradoja. Mi mejor evaluación de la encuesta docente se refiere al módulo 1 (que es muy parecido a lo que contaba sobre los de Secundaria) centrado en procesos de enseñanza y aprendizaje. El módulo 4 recibió una valoración menor. Y es gracioso porque de todo lo que he hablado, donde mejor me lo he pasado y dónde más he aprendido y arriesgado ha sido en ese módulo 4, sobre procesos de comunicación y de relación interpersonal.

Darth: ¿No es esa la asignatura en la que terminaste aplicando la planilla epistemológica fractal con los niveles de qué, cómo y por qué?

Alejandro: Ésa, ésa, ésa... con lo contento que estaba yo con eso. La verdad es que ese módulo me dio mucho que pensar. Vaya por delante que de los tres años que lo llevo dando, y cada año ha sido muy diferente, éste ha sido el mejor con diferencia. Eso sí, tuve un problema al principio, bueno, unos cuantos. Primero, la primera sesión fue para mí muy intensa. Sólo quería introducir algunas distinciones generales con las que trabajaríamos después, la diferencia de emitir, transmitir, comunicar y relacionarse sobre todo. Porque después hubo sesiones centradas sobre todo en trabajar con lo que emitimos, con cómo transmitir (literal o metafóricamente), cómo nos comunicamos (buscando verificar y comprobar cómo se entiende lo que transmitimos) y ante todo como gran fondo, la importancia del tipo de relación que establecemos (simétrica, asimétrica, complementaria, rígida, flexible) y la cualidad de esa relación y cómo eso afecta a cualquier contenido con el que trabajemos. Todo eso estaba presentado, condensado ya en la primera sesión. Es algo que me gusta, condensar en la primera sesión todo y luego ir desarrollándolo.

Darth: Pues no veo riesgo por ningún sitio...

Alejandro: Es que la primera sesión, no fue un desastre de milagro. Terminé bastante tocado, tuve la necesidad de hablar con Gloria, por ejemplo, para poder expresarme y tratar de comprender qué me pasaba, qué me había pasado. El contexto de la primera sesión fue importante. Tenía muchas ideas, y no sabía exactamente como empezar. Así que decidí que el módulo se fuera haciendo así mismo, a partir de lo que fuera sucediendo, y ese fue mi riesgo asumido, hacerlo lo más experiencial posible. ¿Acaso no estaba supuestamente con el grupo más complejo y más autónomo de todos? Pero tenía un problema, todas las opciones posibles, de bifurcaciones y posibilidades, no las había terminado de preparar como me hubiera gustado. La mañana previa, el fin de semana previo, estuve revisando muchas cosas, pero sin terminar de concretar nada. Y parte de lo que revisé era un curso sobre comunicación que había estado dando John McWhirter. Y cometí el error de empezar como lo había hecho él.... y fue un error porque hubo un momento en el que comprendí que no estaba siguiendo mi curso sino el de él, y no estaba en contacto con lo que sucedía en la clase, sino imponiendo algo desde fuera. Además me di cuenta que hice esto porque un problema de inseguridad. Al no haber revisado como me hubiera gustado esa primera sesión, me sentía inseguro y me sentía enfadado conmigo mismo por no haber encontrado más tiempo para ello (independientemente de lo ocupado que estuviera). Casi que me sentía culpable y todo. Además me estaba exigiendo mucho con este módulo, porque pensaba que había gente que dominaba esto de la comunicación (o eso pensaba) y quería ir más allá de lo que se suele trabajar normalmente. Pero esto era una autoexigencia excesiva que yo mismo me estaba montando. Bueno, el caso es que estábamos haciendo una secuencia de ejercicios y escuché un par de frases dichas por personas que ahora me doy cuenta, valoraba especialmente, que me impactaron especialmente: irónicamente alguien dijo "esto sí que es innovación". Al decir irónicamente ya lo estoy interpretando, claro. Otra persona, me dijo mientras me paseaba entre los grupos.algo así como.. "no te has preparado mucho la sesión eh..." y tras escuchar estas dos frases sentí mucha rabia, tristeza y no sé qué más. Fue una escalada súbita. Algo que pocas veces me pasa, una reacción en toda regla. Interna al menos. Claro, sintiendo eso que sentía, en ese momento no lo podía elaborar sino seguir la clase, traté de dejarlo a un lado, para luego. Pero claro, sabía también que lo estaba expresando porque sentía tensión en la mandíbula y los ojos llorosos... ¿me estoy poniendo emotivo eh?

Darth: Calla, calla, para una vez que te sueltas un poco, sigue...

Alejandro: Pues eso, reconozco que estaba tenso. Ahora entiendo que me sentí cuestionado, pero porque yo mismo no había empezado la sesión con suficiente seguridad. Esos comentarios los conecté con la propia crítica que yo me hacía a mí mismo de no haberme preparado suficientemente la sesión, y por eso reaccioné así, rabia hacia fuera en vez de sentir la rabia hacia mí mismo directamente. A partir de ese momento estaba con la clase pero también tenía que estar conteniéndome a mi mismo, gestionando lo que sentía que había dejado a un lado pero ahí seguía, en parte manifestado no verbalmente, como bien comprobé después. Otra de las personas que también aprecio y valoro mucho me comentó posteriormente si no quería estar ahí ese día. No era esa la cuestión, pero evidentemente notó algo raro. Curiosamente sólo respondieron a esto algunas personas, no todas (y lo sé por las comprobaciones que fui haciendo por mi cuenta, preguntando incluso directamente para comprobar). No quería empezar un curso de comunicación justamente evitando comunicarme o comunicándome mal, algo perfecto para acabar en un completo fracaso. Así que fue la mejor manera de empezar, me parece, porque la primera decisión y la mejor fue centrarme únicamente en el proceso y la relación que vivíamos en ese momento y trabajar con eso, en paralelo y como ejemplo de las distinciones principales que íbamos trabajando. En el momento que me centré en mi y en el grupo (y en nada más) creo que todo empezó a fluir, y con ello los ejercicios que fuimos haciendo, ninguno de ellos premeditado, todos surgieron a partir de lo que ocurría en clase. Cada ejercicio llevando al siguiente. Y pasase lo que pasase, se podía utilizar, recoger. De vez en cuando trataba de asentar lo que veíamos con transparencias o vídeos, como para objetivar o asentar lo que íbamos experimentando. Creo que el hacerlo así, tan abierto, tan tratando de crear algo entre todos, generó algún que otro punto de inflexión en mi relación con algunas personas, algo de lo que justamente el curso trataba. Es como que era mucho más fácil ser consciente de cómo nos comunicábamos todos durante el curso, o eso me gustaría pensar.

Darth: ¿Y qué aprendieron el curso?

Alejandro: Pues no lo sé. Hace poco, ante esta pregunta, alguien me dijo que cada uno había aprendido algo diferente, aunque no sé si querían decir que nadie se había enterado de nada, ja.... algo que también podría ser. Desde luego fue el curso más complejo de todo el cuatrimestre, el que tenía más posibilidades de conexión. Y como teníamos el fin del cuatrimestre encima, sólo planteé una autoevaluación como tarea final (pero no relativa al módulo sino en general del cuatrimestre del MADU, que no dejaba de ser una manera de comunicarse con uno mismo y con los demás). Pero no sé exactamente qué sacó cada uno de este módulo, la verdad. Creo que hubo personas que sacaron mucho y otras que no entendieron gran cosa. Pero me parece que no dejó indiferente a nadie. A mí al que menos. Pero fue el curso más creativo, más exigente, más experiencial y por eso es el que más valoro.

Darth: Bueno, desde fuera te aseguro que se te veía disfrutando con ese curso, bueno en general con el cuatrimestre, pero en concreto con esta asignatura, por llamarla así. Me parece que si has tardado tanto en hacer esta autoevaluación del primer cuatrimestre ha sido porque en parte no querías cerrar o concluir algunas cosas. Como si fuera una manera de seguir vinculado con él y con ellos, los participantes de esas asignaturas.

Alejandro: Puede ser, creo que sí. Esto de autoevaluarse tiene un matiz de conclusión, que tal vez haya postergado en parte. Y eso que el segundo cuatrimestre ha continuado. Pero qué diferente. El segundo cuatrimestre está siendo mucho más concentrado: un seminario de cuatro personas en Psicología del Desarrollo, los practicum de Magisterio con sólo 10 personas, la asignatura de habilidades de liderazgo con sólo dos alumnos, y por supuesto, la tríada de este año, que está resultando una experiencia genial. Pero son todo sesiones más específicas, puntuales (excepto lo de la tríada, claro).

Darth: Bueno, no rehúyas la calificación, como hacían muchos de tus alumnos.

Alejandro: Eso es interesante, traducir toda esta experiencia privada, subjetiva a una escala falsamente de intervalo que va de 0 a 10 o de suspenso a sobresaliente. Digo falsamente de intervalo porque no se puede medir todo lo anterior como se mide objetivamente una mesa o la altura de algo. Otra cosa es establecer una gradación, una escala que organiza en un orden ciertas valoraciones (aprobado, notable, sobresaliente). Aunque usara 6, 7, 8, 8.5, 9, 9,5 seguiría siendo ordenal, aunque parece que se suma algo, que cuantifica algo. Que la diferencia entre los puntos del continuo es claramente la misma. Y ahí tengo mis dudas. Para mi la calificación responde a un tipo de información de orden social que traduce información subjetiva. Es como lo que estudiaba Roy Rappaport en sus estudios sobre el ritual, al decir que muchos ritos de paso traducen información subjetiva muy compleja (conocimientos, compromiso y amor) en información social muy clara y que no deja lugar a la confusión: aprobado, que alguien saque un plaza de algo, o que alguien se case y se convierta en marido o mujer, o que alguien pase de ser un niño a ser un adulto, rito de iniciación mediante). En este caso es parecido, y la calificación traduce mucha información subjetiva en información social clara, para que sea usada a ese nivel de organizaciones e instituciones (pero donde la valoración subjetiva y los significados posibles son mucho más variados).

Darth: Joder, no me extraña que tardes tanto en escribir posts, llevas dos horas... y con el fragmento de antes, por cierto, muy bonito, pero te estás escaqueando.

Alejandro: No si era una explicación, pero bueno, no es momento ahora de explicaciones: teniendo en cuenta todo lo anterior y no sólo mi valoración sino también la de mis alumnos (mostradas en las diferentes encuestas) en general me evalúo con un 8. Con un notable, vamos. Me pondría un 9 en el módulo de comunicación porque ante todo valoro el riesgo y la secuencia de ejercicios que salió, que fue bastante operativa, creo, y es de las pocas veces que lo he hecho durante tanto tiempo (aparte de en los cursos de verano, que eso es otro contexto). Y me pongo un 9 también en Psicología del Desarrollo, porque creo que en general logré lo que quería. Pero puedo mejorar mucho aún en las otras dos. Y en conjunto puedo mejorar aún mucho más, así que un 8. Y si Carmen G. aún lee esto seguro que piensa me he pasado otra vez, y que Darth, eres un blando.

Darth: Yo un blando¡¡¡¡¡ maldita Carmen G.... por suerte o por desgracia no creo que se asome por aquí. Mucho menos con lo largo que está siendo esto. ¿Quieres terminar de una vez? Porque prepárate ahora, porque no creo que te comenten mucho, pero seguro que van a comparar tu autoevaluación con la que muchos de tus alumnos hacen, y ya verás lo que sale de ahí...

Alejandro: Pues que salga lo que salga.

Darth: Hasta otra.....

Alejandro: Oye, es cierto, aunque no lo diga Carmen G. has estado un poco flojo....

Darth: grrrrr...... no te fíes. Por cierto, ¿tanta expectación creada para este rollo? grrrrrrrrrr











jueves, 13 de diciembre de 2012

Sisters



Bueno, esto es un divertimento (un breve descanso que me tomé esta mañana). Steve Vai tocando su canción Sisters, preciosa canción de su para mi mejor album "Passion and Warfare". El próximo domingo espero que la toque, actúa en La Riviera, y esto sí que no me lo pierdo. Será ya la tercera vez que lo veo tocar. Por cierto, lo que más me gusta del vídeo je je... y ha sido una muy buena sorpresa, ha sido ver a Juanjo Picazo tocando junto a Stevie. Pero Juanjo, qué calladito te lo tenías... ;) Eso no lo aprenderías con John eh??? ;-)

Saludos

Alejandro