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jueves, 12 de mayo de 2016

Karate Isomórfico ;)




Ayer tuve una conversación de lo más interesante con mi Sensei de Karate. Nos conocemos desde que tengo 12 años. Es probablemente el profesor con quien más contacto continuado he tenido en toda mi vida.

El caso es que le llamé para charlar un poco y ponernos al día respecto un proyecto tenemos entre manos, relacionado con su disciplina Karate Full Technic (Técnicas plenas, lo podríamos traducir).

Fuimos hablando y hablando y nuestra conversación fue derivando a una clase de Karate que acababa de dar esta semana, el pasado lunes 9 de Mayo, por la tarde. Es la cuarta clase de Karate, dentro de un conjunto de clases que voy a dar, parte de un curso más amplio. Nuestra última sesión será el próximo lunes.

Después de esa sesión, que fue una de mis favoritas, me quedé pensando muchas cuestiones, teniendo en cuenta lo que había estado observando, así como lo que algunos alumnos comentaron abiertamente.

Sensei: Y dime, ¿cómo te fue el otro día? ¿cómo van la clases de karate?

Yo: Pues creo que van bien.

Sensei: ¿Creo? No te veo del todo convencido.

Yo: No, no, sí lo estoy. Ya sabes cómo soy: siempre dándole vueltas a las cosas. Creo que las clases van bien. Aún no sé si la semana que viene vendrán los combatientes con los que estoy contactando, para que mis alumnos hagan un combate con ellos. En todo caso, si no vienen, vamos a hacer una serie de combates más largos, para tratar de aprender de ellos.

Sensei: Vaya, pues no está mal, si con cinco sesiones ya van a poder combatir, yo me daría con un canto en los dientes. Entonces, ¿qué te preocupa, o en qué estás pensando?

Yo: Bueno, estaba pensando en algunos temas que salieron durante el último entrenamiento, que son complejos y creo que muy pertinentes en este momento. De hecho, uno de los temas me recordó a ti.

Sensei: ¿A mí? ¿por qué?

Yo: Hay alumnos a los que creo que les gustaría verme combatir, o que les mostrara el Karate que yo hago. Porque de momento, sólo les he enseñado  algunas pequeñas demostraciones de técnicas, algunos textos donde se habla de fragmentos de combates, sobre los que pensar. Digamos que me han visto combatir, pero sólo indirectamente.

Sensei: Bueno, creo que ya sé por qué pensaste en mí. ¿Tiene que ver con la última vez que os visité en vuestra Facultad, en esa asignatura que tenías.... cómo se llamaba... ah sí... habilidades sociales?.

Yo: Eso, exactamente. Recuerdo ese día que trabajamos unas nociones básicas de karate, de trabajo con bastones, de desplazamientos básicos y de trabajo práctico . Tú ibas vestido normal, quiero decir, sin kimono o karategui. Y más allá de enseñar el tipo de ejercicios que íbamos a hacer, no hubo nada más. Yo me di cuenta más tarde, que pensaba que hubiera estado bien hacer una demostración de lo que podíamos llegar a hacer, que a veces es bastante espectacular.

Sensei: Ja... sí. Te dije que lo fundamental era su trabajo, no pegarnos un pegote ahí delante. Yo paso de eso. Es llamativo, pero poco más. Y no era lo importante.

Yo: Ya. De eso me di cuenta después. Reconocí que tenía ganas de exhibirme. Pero que no se trataba de eso. Los profesores que más me han enseñado, me han enseñado sin necesidad de hacer algo muy llamativo, más bien sin que me diera cuenta de lo que iba aprendiendo. Creo que eso requiere una sencillez, que yo no tuve en ese momento. Tú sí.

Sensei: ¿Y por qué te acuerdas de eso ahora?

Yo: Porque entiendo que ellos quieran verme en acción, directamente. A mi también me apetece, no te creas, no por exhibirme, sino porque también es una manera útil de enseñar. Lo que pasa es que ahora creo que lo más importante para ellos es practicar lo que estamos trabajando. Tienen que entender cómo atacar con el puño y la pierna, mientras cuidan su desplazamiento en el espacio, y eligen lo que hacen en función de cómo gestionan la distancia. Sólo entonces pueden atacar, bloquear y encadenar eso con una luxación o una proyección. Y hacerlo fluidamente, sin rigidez, sin fuerza, y adaptándose a su compañero. Cuando ves a dos personas trabajando bien, ya sabes, no es fácil ya saber quién inicia la acción y quien la sigue, quien ataca y quien defiende, porque el que defiende contraataca y el que ataca defiende. Y ahí surge el ritmo, la intensidad y lo bonito. Además siempre que hay dos personas practicando de manera más libre estas técnicas, siempre trato de que otra persona les acompañe, para que así les ayude a pensar sobre lo que están haciendo. También porque así se da cuenta de opciones que mientras estás en la acción, no ves.

Sensei: ¿Y qué tal trabajaron?

Yo: Muy bien. Empecé a ver trabajos bonitos, incluso algunos destellos muy buenos. Es como que el trabajo previo puede empezar a producir lo que quería. Aunque para mi lo fundamental no es que sepan combatir ahora, sino que les guste entrenar, que les guste este arte marcial y que sigan practicándolo por sí mismos cuando yo no esté. Eso sería lo que más me gustaría.

Sensei: ¿Y esos temas que mencionabas antes?

Yo: Bueno, muchas veces me dicen que es difícil. Y claro, no me extraña. Nunca habían practicado Karate, bueno, algunos habían trabajado otras artes marciales, o habían estado haciendo actividad física, todos tienen algunas nociones. Pero no sé si lo habían hecho como les planteo, así de práctico. Y sí es díficil.

Sensei: Pues claro que es difícil, si no lo fuera, ¿dónde estaría la gracia? Como ya sabes, lo importante de un profesor es hacer parecer fácil algo que es difícil, o al menos, facilitar que se intente.

Yo: A eso voy. Me llama la atención que insistan a veces eso de que es dífícil. No sé si es una descripción, o una evaluación en plan queja. Es como si estuviera mal que sea difícil. O como si esperaran que fuera fácil. O que pensaran que lo iban a aprender rápido. No sé, a lo mejor es culpa mía que se lo he hecho más difícil y no les he explicado del todo bien las técnicas básicas.

Sensei: Bueno, eso ya lo pensarás después. El caso es que lo importante no es si es fácil o difícil. No será igual de fácil o difícil para todos. Depende de muchas cosas. Sobre todo de su actitud al hacerlo, si creen que pueden, si entrenan por su cuenta, si arriesgan o no, si les gusta, si confían o no confían en ti, si están cansados o no antes de entrenar, etc..

Yo: Bueno, eso es cierto. Están ahora preparando una carrera de 10 km, correrán a principios de Junio y sé que eso les fatiga. Igualmente creo que les va a dar resistencia, pero entiendo que más de uno prefiera prepararse esa carrera que practicar mis técnicas de combate.

....

Yo: Otra cosa que me llama la atención que me han dicho es que a veces les cuesta combatir si son amigos.

Sensei: ¿Cómo? No entiendo.

Yo: Sí, que si los que van a combatir ya se conocen y son amigos, les cuesta más combatir. Y eso me llamó la atención. No es la primera vez que oigo esto, pero me llama la atención. Claro, si estás entrenando estás entrenando, si estás de cachondeo estás de cachondeo, si estás hablando con alguien en serio pues estás hablando en serio. No sé hasta qué punto cada situación les sitúa diferentemente.

Sensei: Bueno, a mi ya me conoces. Cuando yo entreno...entreno. Ahí no hay "ji jis ni ja jás"... y se nota, ¿no? Es una cuestión de respeto también hacia uno mismo, hacia el otro, hacia los compañeros y hacia la propia disciplina.

Yo: Sí, eso creo yo. Para mí siempre ha sido una cuestión de respeto. Pero entiendo que a veces se pueden mezclar las cosas. A veces no pegan tan fuerte, no arriesgan entrando más cerca, pueden facilitar demasiado. El problema con eso, es que entrenan pero en una situación más artificial, menos real. A veces no se fían o se fían demasiado. No es fácil. Cuando estás entrenando eres tú como una persona completa la que se manifiesta. Verlo como entrenamiento y ya está, no es fácil. No traer nada de fuera, no llevarte nada después. Eso forma parte, creo que lo que tienen que trabajar.

Sensei: De todas formas creo que estás exagerando. ¿Crees que ocurre mucho?

Yo: No, no lo creo. Pero es una cuestión importante sobre la que pensar. Cuando entreno contigo, ya sé que hay que estar totalmente concentrado y metido. Si no estás atento y presente  te puedes llevar una hostia, o darla tú. Y por cierto, un par de cosas que me llamaron la atención. Hubo un grupo que trabajan muy bien, la verdad, que en uno de los ejercicios hicieron algo diferente al resto. Después de analizar su primer combate con otros, tenían que volver a combatir con su primer compañero, para ver qué incorporaban, qué cambiaban. Y en vez de combatir, siguieron hablando sobre las técnicas, sobre lo que habían aprendido.

Sensei: ¿Y qué? ¿Acaso no le sacaron partido?

Yo: Sí, creo que sí. Pero hicieron otra cosa, no practicaron en ese momento lo que tenían que practicar. Hablar del combate no es lo mismo que combatir. Cuando das una instrucción es interesante como cada uno la tiene que interpretar. Y muchas veces se interpretan cosas diferentes. No es ni bueno ni malo, sólo me llamó la atención. También hubo otra cosa curiosa. En un caso, una persona estuvo todo el rato atacando, y el otro defendiendo. Y no cambiaron aparentemente.

Sensei: Sí, eso es curioso. Pero también es habitual. Me pregunto si el que estuvo atacando tenía ganas de atacar y no defenderse, o el que defendía tenía sobre todo ganas de defender y no le apetecía atacar.

Yo: No lo sé. Ante todo respeté que ellos hicieran, como el otro grupo, lo que consideraron más importante para ellos en ese momento. Para ellos creo que fue importante y eso es lo fundamental.

Sensei: Pues ya me contarás qué ocurre al final la semana que viene. Creo que puedes ser más flexible aún. Cada uno le está dando sentido a lo que hacéis. Es necesario para que vayan apropiándose de ello, para que lo interioricen en función de sus intereses y necesidades. La técnica, ya sabes, es lo de menos. Lo importante es cómo la haces tuya y la adaptas a cada situación, que es diferente y única.

Yo: Sí. Lo sé. A lo mejor en vez de Full Technic lo podrías llamar Naked Technic, técnica desnuda.

Sensei: ¿Y qué hay más desnudo que una técnica plena?

Yo: Pues no lo había pensado. Y sí, suena mejor. Ya te iré contando.

Sensei: Os.

Yo: Os.